Catalunya: 1 de Octubre de 2017


(fragmentos) 

Hoy, estimados amigos, la historia ya no la escriben (solamente) los vencedores. Desde luego la historia de lo que sucedió en Catalunya el 1 de octubre de 2017 no la van a escribir solamente los voceros de la España oficial pues la realidad captada por miles de cámaras, retransmitida por decenas de canales de televisión, relatada por centenares de periodistas foráneos….

Uno. Nada tiene que ver con lo que de tales sucesos informó (¿) la televisión oficial del estado no sin la queja amarga de sus profesionales obligados a perpetrar aquellos engendros “informativos”,

Dos. Nada tiene que ver con lo que os ha llegado a través de las restantes cadenas de televisión privadas ni con los periódicos “nacionales” que, en su inmensa mayoría, ya han abdicado del periodismo, y

Tres. Nada tiene que ver con lo que los fiscales y sus testigos han intentado vender a la Sala del Tribunal Supremo en la que se ha visto el proceso penal contra el independentismo. Nada.

Porque la realidad, la muy pérfida, frecuentemente se obstina en aparecer como es.

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Unos 6.000 agentes, entre policía nacional y guardia civil, seguramente sobreros pues se pudo prescindir de ellos durante meses, partieron de sus pueblos ovacionados al estilo Berlanga: “oe, oe, a por ellos, oe”, les coreaban sus vecinos enardeciéndolos cual centurión romano a sus legionarios ante la inminente entrada en combate. Durante el viaje, ellos mismos publicaron unos videos donde se les veía eufóricos y cantaban letrillas épicas y hacían gestos impúdicos que pretendían heroicos, y algunos publicaban obscenos tuits advirtiendo a las catalanas que llegaban “machos ibéricos”. “Soy la tormenta”, amenazaba uno de ellos. Épica barriobajera. Épica rebajada a lo ridículo cuando los alojaron en un barco de chiste que les acarreó el apelativo de piolines que aun  hoy se usa en Catalunya para referirse a esos machotes venidos a menos pues comenzaron quejándose del alojamiento y de la comida, se hurtaban los calzoncillos, se peleaban por nimiedades, ebrios provocaron trifulcas en las calles, fueron expulsados de un hotel en Calella, se dedicaron, embozados como los valientes, a destrozar simbología independentista, la liaron parda con el menú navideño, les tunearon algunos vehículos… en fin, dieron fatal ejemplo de lo que deberían ser las fuerzas del orden, de lo que se espera que sean los valientes, esforzados y sacrificados valedores del estado español…

¡Si al menos hubieran impedido el referéndum…!

Pero no lo impidieron. Confiscaron solamente un 2% de las papeletas. No olieron ni una, ni una, de las 10.000 urnas que teníamos repartidas en nuestros domicilios los que ese día actuamos como coordinadores electorales. Diez mil urnas en varios miles de domicilios, repartidas una a una y guardadas hasta el amanecer del día 1 de octubre… y la documentación y las papeletas y los sobres y los censos… de cada mesa… ¡Ojo el trasiego que eso supone! ¡Ojo la cantidad de gente involucrada!  ¡Ojo los miles de domicilios en que antes del 1-O había una urna aguardando al festivo día del  referéndum! Y ni una, oye, ni una. No pillaron ni una.

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Ved, ved las imágenes del juicio que para eso se emitió todo él en directo. ¡Ah! Que las televisiones estatales ¿no lo daban? ¿No, verdad? Y ¿No te mosquea un poquitín siquiera que en las independientes y muy transparentes televisiones hispanas no se retransmitiera ni un minuto del juicio del siglo, de un juicio que pasará a la historia de España? A la negra por supuesto. Un proceso que de alguna manera marcará y condicionará el devenir de un estado que a causa de ello ya está siendo puesto en solfa en algunas instituciones internacionales. Un proceso que ha permitido que el poder judicial se descontrole y asuma no solo el protagonismo de la vida política del país sino que esté marcando su destino al haber hecho trizas la separación de poderes e interpretado las normas procesales totalmente en contra de su anterior y consolidada interpretación sin que nadie, o casi nadie, haya dicho esta boca es mía ante tamaño desaguisado. 

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Ved, ved también los vídeos que os adjunto en el anexo a esta carta.  Vídeos que, contraviniendo toda norma procesal, el juez Marchena impidió que se visualizaran durante la declaración testifical de los guardias civiles, ahorrándoles así el bochorno de ver como mentían y liberándose él mismo de tener que imputarles por falso testimonio. Pero tu, amigo, tienes la oportunidad de verlos todos. No te llevará mucho tiempo. Pero te lo advierto: te golpeará el cerebro y te cambiará el relato. 




Nota: Si no los habéis visto, os recomiendo encarecidamente que visualizéis los vídeos que se incluyen en el anexo a esta carta.