El juicio contra los líderes civiles y el gobierno de la Generalitat.
(fragmentos)
De entrada debo deciros
amigos, que estamos ante un juicio que no debería haberse celebrado nunca. Un
veterano observador internacional dijo que ya había asistido a juicios sin
pruebas, pero que jamás había asistido a un juicio sin delito. En el mismo
sentido, en la inexistencia de delito de rebelión ni de sedición se
manifestaron, en su momento, más de 120
profesores y catedráticos de derecho. Y
eso mismo, por ausencia del elemento esencial en el tipo: la violencia, es lo
que resolvió el tribunal alemán de Slesvig-Holstein y lo que se presume que
hubieran resuelto los tribunales belga y
británico si les hubieran permitido emitir su parecer cosa que Llarena (con
Marchena en la sombra) evitó al retirar las euroórdenes.
Pero el juicio se celebró y, con él, la teoría del
lawfare cobró carta de naturaleza pues fue un ejemplo nítido de su uso: el
perfecto colofón a una primera batalla de la guerra judicial que ha emprendido
el estado español contra el independentismo catalán.
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De entrada conviene
preguntarse por qué el juicio, no del siglo, sino del milenio, un juicio
histórico como éste, no ha sido retransmitido por televisión. Otros menos
importantes lo fueron, como el que se siguió contra Mario Conde por el fraude
en Banesto. Pero bueno, aunque solo lo haya retransmitido TV3, habiéndose
desarrollado todo él en castellano, no tendrás, querido amigo, ninguna
dificultad en seguirlo o, al menos en visualizar momentos importantes de los
que en esta carta te señalaré más de dos. (4)
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Por cierto, ¿sabes y saben tus amigos, te/os han
informado de algo tan grave como que la fiscalía y la abogacía del estado no
formularon acusación por el mismo
delito? ¿Te das cuenta de lo que supone eso como sostén de la tesis de que
estamos ante un juicio político? ¿Sabes que la rebelión, de la que acusó la
fiscalía, y la sedición, de la que acusó la abogacía del estado, son delitos
incompatibles porque se excluyen entre sí?
Significa ello, pues, que o la fiscalía o la abogacía del estado serán
desautorizadas por el tribunal porque yo afirmo, tu supones y el desea que no
habrá absolución como es lógico derivar, además, del hecho de que los reos
sigan en prisión una vez acabada la vista donde seguirán algún tiempo hasta que
Estrasburgo declare la nulidad del juicio.
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El día 14 de mayo, en la
sesión 44 del juicio que algunos califican como el día más negro del proceso,
Marchena protagonizó un gran “desliz” (¿)) cuando tras entorpecer
insistentemente el trabajo de la defensa de Jordi Cuixart en su interrogatorio
a una testigo impidiéndole una y otra vez formular las preguntas que el abogado
tenía por conveniente en méritos de su estrategia de defensa, este letrado dijo
que si no le permitían esa pregunta no haría ninguna más, a lo que Marchena, en
un pronto del que ya se debe haber arrepentido una y mil veces, respondió: “pues mucho mejor”. Recuerda (o
entérate), amigo, que no fue Estrasburgo
sino el propio Supremo quien declaró nula una condena de la Audiencia Nacional
a Otegi porque la magistrada que presidía la Sala que lo juzgó, ante la
negativa de éste a responder determinada pregunta, dijo: “ya lo sabía” (6) lo que a todas luces era una declaración
manifiesta de parcialidad como lo es el “pues
mucho mejor” de Marchena.
