El “pressfare” contra Catalunya

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Convendrás conmigo, mi dilecto amigo, que, como en toda guerra no convencional (1), en el lawfare (2) que ha declarado el estado español al independentismo catalán, el “ejército” que, en esta guerra, está compuesto por jueces y fiscales, necesita y recurre al apoyo externo de otros medios entre los que, en nuestro caso, destacan con luz propia los de comunicación, sean los escritos o los audiovisuales, y las tecnologías de la comunicación y las redes sociales.

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De manera que esa participación de los medios de comunicación en la guerra no convencional, que yo voy a llamar “pressfare”, deviene un arma igualmente no convencional pero altamente estratégica y eficaz ya que trasmite a la opinión pública, a la ciudadanía, un falso relato compuesto de medias verdades, de silencios cómplices y de señuelos, cuando no simple y llanamente de procaces mentiras a fin de convencerla de la maldad de unos contendientes  frente a la bondad de los otros, de la legitimidad de unas pretensiones frente a la ilegalidad de otras, con lo que los desmanes de “su” ejército se convierten en lícitas y necesarias operaciones, mientras que las acciones del enemigo serán siempre merecedoras de castigo, todo ello aderezado, frecuentemente, con fariseas invocaciones a la concordia, al diálogo y a la paz.

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Vulnerar el principio de la presunción de inocencia, aparte de contravenir el Código Ético del periodismo  (pero eso en una guerra es una chorrada, ¿no?), es una sutil arma de destrucción masiva ya que sitúa al enemigo en una posición desventajosa de la que en un lawfare no tiene posibilidad de defenderse. Cuando en todas las teles, la 1 incluida, se habla de Puigdemont como de un fugado o un huido de la justicia, no solo agreden la presunción de inocencia sino que, además están mintiendo conscientemente (5). Cuando los medios, principalmente los audiovisuales, presentan a los presos catalanes como golpistas y rebeldes, están vulnerando flagrantemente la presunción de su inocencia. Cuando se habla de un golpe de estado se está golpeando la presunción de inocencia. Cuando todos los medios se entretuvieron en contar que unos profesores habían humillado a unos hijos de guardias civiles y fueron a esa escuela y realizaron entrevistas y te enseñaron las fotos de esos profesores, estaban vulnerando la presunción de inocencia y, en este caso, además, estaban haciendo algo más grave: situar a unas personas en la diana de los ultras. Sin embargo, es posible que todavía hoy sigas ignorando que todo ello era falso y que esos profesores ni tan solo fueron investigados por juzgado alguno. Claro ¡Cómo te iban a contar eso los medios! ¡Cómo iban a permitir que la verdad les estropeara un buen reportaje!  Ay amigo, inventar un relato exige a veces algunas licencias profesionales y ciertas renuncias éticas, ¿no?

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 Otra arma del “pressfare”, tal vez incluso más sutil, es ir adjetivando y comentando en determinado sentido lo que, al tratarse de hechos, debería ser simplemente objeto de relato.

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Comienzo con 13 Televisión (sí, ya sé, credibilidad cero para ti y para mí pero no así para quienes la siguen) en uno de cuyos informativos los presentadores hablan de “lo sucedido en Terrassa” de donde dicen tener “imágenes tremendas” porque los violentos han rodeado el cuartel de la guardia civil “con familias y con niños dentro” dice visiblemente preocupada la presentadora.  Lo “curioso” (¿) del caso es que en Terrassa no hay cuartel de la Guardia Civil. Mira el vídeo; es tan corto de duración como largo de mendacidad. (7)

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No sé si los atestados policiales se los cree hoy en día algún juez sensato e independiente (que alguno debe quedar). Lo que sí sé es que difícilmente alguien con la mente abierta y un mínimo espíritu crítico puede otorgar credibilidad a la Sexta, a la que algunos, seguramente confundidos por alguno de sus programas, consideran una tele “bastante imparcial” como si la imparcialidad pudiera ser contabilizada en poca, bastante y mucha. Visualiza, amigo, el vídeo que te adjunto (12) y repara especialmente en la ventana que se abre en la parte superior derecha de la pantalla. ¿Qué ves? Sí, en efecto, por increíble que parezca (y no me refiero a que dude que lo hagan sino a que se les cuele) ves al corresponsal dando instrucciones a la muchachada que ha de increparle,  indicándoles el momento en que, a punto de entrar en directo, ya pueden comenzar a gritar y gesticular. Es tan burdo, tan lejano a la mínima decencia periodística, tan innoble para con sus espectadores, tan merecedor de despido procedente fulminante, tan acreedor de que en todos los hogares españoles al clicar sobre la sexta apareciera un fundido en negro, tan no sé qué, que ahí lo dejo.

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En fin, amigo, si nos mintieron con lo del Prestige, si nos quisieron chulear con el 11-M, si nos engañaron con lo del Yak-42, si nos bailaron con el accidente del metro de Valencia, si nos tomaron por tontos con lo de las armas de destrucción masiva en Irak, si se rieron de todos nosotros con que el rescate bancario no nos costaría ni un euro, si aún nos están engañando con la Gurtel y el resto de “casos aislados” de corrupción, si… ¿no sería de idiotas creerse ahora lo que nos dicen sobre Catalunya? ¿No sería de memos fiar en esa prensa que se muestra tan bizarra con los débiles y tan servil que se arrodilla (a veces incluso literalmente, ver imagen) ante el poderoso?