La sentencia del procés: ¿genuflexión o punto de inflexión?


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Espero, mi querido amigo, que no seas de los que, viendo la descomunal reacción que ha habido contra la sentencia, exclaman como el jefe de policía de “Casablanca” cuando le advierten de que en el casino se juega: “I’am shocked”(1). Y lo espero porque añadir cinismo sobre la sentencia a la ecpatía (2) sobre el “procés”  me parecería demasiado.

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Lo primero que quiero hacerte llegar es que, te digan lo que digan en los medios, esta sentencia ha  trascendido muy mucho los límites del independentismo pues, en efecto, son legión a quienes la sentencia les estremece más por la agresión que supone a determinados derechos civiles y humanos, que por la grotesca desproporción de las penas de cárcel que dictamina. Y por ello la critican y la reprueban, y lo hacen sin reparo porqué sólo a las mentes abducidas por un irracional nacionalismo español se les ocurrirá mantener que tales censuras a la sentencia presuponen connivencia con los condenados o implican desear la independencia de Catalunya. Dice Carlin en el artículo que te recomiendo en la nota 1, que “Condenar el trato a los encarcelados no significa desear que Catalunya se separe de España. A la mayor parte de la gente de fuera de España horrorizada por las condenas les importa un pepino si Cataluña es independiente o no. En cuanto a Catalunya, mi segundo hogar, preferiría que se quedase dentro de España, tanto por motivos prácticos como sentimentales. Pero lo de los presos no es una cuestión ideológica. No está abierta al debate. Es una cuestión de derechos humanos. Y si la ley española exige que se encarcele por doce o más años a individuos que no mataron, ni predicaron la violencia, ni hicieron daño material a nadie –a políticos cuyo mayor pecado es la ineptitud, la irresponsabilidad y vivir en un mundo de fantasía–, entonces, como dice un personaje de Dickens en la novela Oliver Twist , la ley es un burro”.

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Creo, mi amigo, que si seguís enfocando sólo y siempre la misma cara de la moneda, obviando que la verdad, si es que existe, es poliédrica, esa querida e idílica idea de España, que se me antoja cogida con pinzas, tarde o temprano os puede saltar hecha añicos. Algo ya he dicho sobre ello en alguna de estas epístolas pero prefiero que sean otros quienes lo ratifiquen y precisamente a raíz de la sentencia. Rosa María Artal (4), por ejemplo (y no puedo poner muchos en aras de la brevedad aunque los hay) dice que “España siempre derrapa por el mismo sesgo. Es una mezcla de autoritarismo, involución y torpeza… Pedro Sánchez y su gobierno vinieron a demostrarlo… cuando empezaron a tuitear una campaña, en varios idiomas, contando que España es una democracia consolidada. ¿Se imaginan algo igual en cualquier parte del mundo civilizado? ¿Les cabe en la cabeza que Francia, Alemania, el Reino Unido, Portugal… hicieran esa proclama que nadie les pide? La pluma del complejo asomaba con sonrojarte desmaña” (5).

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Alfred Zayas, cuyo currículo le avala (10), escribe que “La justicia española ha violado con esta sentencia múltiples artículos del Pacto internacional de Derechos Civiles y Políticos, incluyendo la prohibición de detención arbitraria (art.9), el derecho a la libertad de expresión (art. 19), el derecho a la manifestación pacífica (art. 21) y el derecho de autodeterminación (art.1). Además la Constitución Española establece que las leyes españolas han de ser interpretadas a la luz del derecho internacional y, en particular, de los tratados de derechos humanos, incluyendo el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCO). Todo esto ha sido pisoteado”. (11)

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Me refiero al hecho singularmente sugestivo de que, a diferencia de lo sucedido cuando el 1-O en que apenas hubo reacción popular ni de índole alguna en España, ahora por el contrario, esta sentencia parece haber despertado conciencias y singularmente parece que la ciudadanía consciente no abducida por los medios, que la hay, le ha visto las orejas al lobo: al lobo del recorte de derechos, al lobo del abuso en la aplicación de la ley penal y  al lobo del relativismo jurídico. Y es por ello, amigo, que en muchas ciudades españolas (seguro que en  muchas más de la que tengo noticia) la gente ha salido a la calle a protestar por esta sentencia y a solidarizarse con el pueblo catalán y nuestras pretensiones soberanistas.

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Tengo para mí, amigo querido, que la gente, singularmente la más joven, a la vista de las negras perspectivas de futuro, ha perdido el miedo y han tomado esta sentencia como el punto de inflexión en la defensa de los derechos civiles  y políticos que se les están recortando a marchas forzadas. La gente cuando se siente atacada y provocada puede que, en lugar de arrodillarse ante el sayón, reaccione, pierda el miedo, y actúe en consecuencia. Probablemente ello es lo que ha lanzado a la calle a gente en La Puerta del Sol en Madrid (16). O en Granada donde (…)  O en Jaén donde (…) En Valencia miles de personas reclamaban la libertad de los presos políticos (…) Y no te pierdas las imágenes de la enorme manifestación que recorrió San Sebastián (…)  en Oviedo (…) También en Cáceres (…) en Vitoria, pero fue la de Bilbao la que registró un  mayor número de asistentes (…) En fin, compañero, en Andalucía y en Canarias y en toda la geografía hispana se han registrado manifestaciones y firmado manifiestos de rechazo a la sentencia, como en Galicia  (…) Una verdadera mancha de aceite de rechazo de la sentencia, ignorada por los medios para que no te sumes a ella, que se va extendiendo por la península.

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La brutal agresión contra los derechos civiles y políticos y el riesgo de criminalización de conductas pacíficas que se deriva de la sentencia puede ser lo que haya inducido a Ramoncín a  decir que “Hay algo más allá del enfrentamiento por el independentismo. Hay jóvenes que no van a renunciar a la lucha. Tiene que ver con el descontento, con no haber encontrado un sitio. Es el descontento social" (28). O al actor Dani Guzmán a tuitear que “Las penas de prisión impuestas evidencian el fracaso político y la separación de poderes” (29). O a la periodista Cristina Fallaras que también escribía: “No soy  independentista. Vivo en Madrid y nací en Zaragoza. Y lo tengo clarísimo: No es justicia, es venganza”, en un tuit que obtuvo 19.700 “me gusta” (30). No tiene desperdicio este “desahogo” del Gran Wayomin que te recomiendo escuchar atentamente (…) Tal vez, sin embargo, te haga reflexionar que también ilustres intérpretes españoles lo hayan hecho, como, por ejemplo, el mayor de los Bardem, Carlos, quien, sin morderse la lengua, ha dicho que “La sentencia al procés evidencia que el franquismo dejó atado y bien atado el asunto judicial. Penoso. Peligroso” (32).